Existen en la actualidad una serie de estudios que afirman que puede haber una relación entre las situaciones negativas experimentadas durante la infancia y el desarrollo de un mecanismo de defensa de origen extrasensorial.

Además, también se cree que la facultad de experimentar fenómenos psíquicos se transmita generacionalmente, o incluso saltando una generación. De hecho, en las comunidades en las que el chamanismo está asentado, la labor del chamán en efecto se transmite de generación en generación.
Uno de los estudios que pone de manifiesto esta relación es el de la parapsicóloga escocesa Shari Cohn. En las Highlands y las islas occidentales de Escocia son particularmente comunes las experiencias psíquicas, por lo que a principios de los años 90 del siglo XX envió un cuestionario a 208 familias, tanto escocesas como de ascendencia escocesa pero que vivían en el extranjero.
Según los resultados, las mujeres mostraban un mayor índice de experiencias psíquicas y existe una relación entre los niños que habían vivido en un entorno en el que estas experiencias eran aceptadas y respetadas y el desarrollo de sus capacidades extrasensoriales. Según Cohn, enseñar a los niños que recibir información a través de medios paranormales es posible y resulta aceptable, les libera de la represión y los ayuda a comprender mejor sus experiencias, si es que las tienen.
Según otro estudio, llevado a cabo por el investigador estadounidense Brad Steiger, experimentar estrés en la niñez puede producir un aumento de ciertas percepciones inusuales. Steiger entrevistó a presuntos médiums y llegó a la conclusión de que casi todos ellos habían pasado por crisis personales en su niñez o en su juventud. Una investigación realizada en la Universidad de Chicago reafirma esta conclusión, ya que muchos de los 1.400 voluntarios que afirmaban haber vivido alguna experiencia de este tipo sufrieron tensiones familiares durante su infancia, presenciaron fuertes discusiones entre sus padres y tuvieron frecuententes conflictos, sobre todo con la figura paterna.
Por otra parte, la arquitecta e investigadora Sylvia Hart Wright entrevistó a más de 120 personas acerca de sus presuntas experiencias de comunicación después de la muerte, y llegó a la conclusión de que más de la tercera parte de los encuestados tenían padres alcohólicos y también muchos sufrieron malos tratos con frecuencia. El mismo porcentaje provenía de hogares autoritarios o agresivos, en los que se les exigía dependencia y obediencia total, o tenían padres intolerantes, de mal carácter, que descargaban su furia y su violencia contra sus hijos. Muchos no procedían de hogares marginados, sino que sus progenitores tenían posiciones de autoridad y respeto social. Según Hart Wright, estas personas habían desarrollado sus poderes psíquicos como mecanismo de defensa ante estas circunstancias.